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Anchoa en aceite de
oliva, artesanía gourmet "made in" Cantabria
El 75 por ciento
de la anchoa en salazón que se elabora en España procede
de Cantabria y sobre todo de Santoña. Durante los años que
ha durado la veda de la anchoa, Cantabría ha recurrido al boquerón
o bocarte de otros mares, poniendo de manifiesto que el boquerón
importa, pero no hace la anchoa. El marchamo de calidad de la anchoa en
salazón se sustenta en el proceso de transformación, en
la mano de obra y su pericia. Estos son los factores que verdaderamente
influyen en su precio.
Ver también :
Anchoa en aceite de oliva, una elaboración
artesanal de lujo
Artículo
revisado en abril 2011
La
anchoa en salazón y aceite de oliva es un producto caro, parece
que esto es algo innegable. Por esta razón posiblemente intentaremos
comparar distintas marcas y precios. Y con toda seguridad nos vamos a
encontrar con diferencias notables de precio. Que nos da de más
la marca que es más cara con respecto a la marca más económica.
Hay anchoa que se elabora integramente
en China o Marruecos
Para contestar a esta pregunta con toda seriedad y rigor habría
que analizar todo el proceso de elaboración de las distintas marcas.
Y éste no es nuestro objeto. Sin embargo, un motivo de diferencia
de precios es cómo y dónde tiene lugar todo el proceso de
elaboración, asi como los controles y trazabilidad que se somete
al proceso.
La mano de obra y su pericia es uno de los factores que más influyen
en el precio. Hay anchoa en aceite de oliva que se elabora integramente
en China, Marruecos u otros países del Tercer Mundo, lo cual lleva
aparejado unos costes salariales de mano de obra inferiores. El producto
llega al distribuidor en España completamente terminado, a falta
de la etiqueta.
También puede suceder que el boquerón llegue a las conserveras
de Santoña, Castro Urdiales, Laredo ... en crudo o en salazón,
es decir ya descabezado y salazonado en barriles y que termine de elaborarse
en las conserveras españolas.
El boquerón importa, pero no
hace la anchoa
El boquerón que se emplea, también importa, en tanto en
cuanto las condiciones del mar influyen en la calidad de su carne. El
boquerón o bocarte, físicamente, es un pez pequeño
que puede vivir alrededor de tres o cuatro años de vientre plateado
y dorso azul grisáceo.
Es un pescado emigrante. El nombre latino es "Engraulis" y dependiendo
de la zona de captura su segundo nombre -su apellido- cambia y también
la calidad de su carne. Para una buena conserva hay que utilizar el
boquerón de la más alta calidad, la "Engraulis Encrasicholus",
pescada en su momento óptimo, entre los meses de Abril y Junio,
bien en el Cantábrico y/o en el Mediterráneo
Aunque viven a más
de 100 metros de profundidad, en primavera y en verano suben a la superficie
para reproducirse dando lugar a su pesca. Es en esa época cuando
su grasa aumenta, al igual que lo hace su sabor.
El origen del bocarte o boquerón ayuda, pero no hace la anchoa:
lo importante es el proceso de elaboración. Respetar los tiempos,
la minuciosidad, la limpieza, las condiciones térmicas de almacenamiento...
La veda de la anchoa
Desde el 2005 hasta el 2010, a los puertos del Cantábrico apenas
ha llegado boquerón o bocarte debido a la veda impuesta por Bruselas.
La prohibición de faenar era la única alternativa para un
caladero al borde de la extinción. Y mientras ha durado la parada
biológica, necesaria para la recuperación de la especie,
se ha buscado en otros mares. Los ejemplares más parecidos a los
del Cantábrico proceden de Croacia, -según los expertos
de Cantabria-.
Un proceso artesanal "made
in" Cantabria
Cuando llegan en crudo,
se introducen en contenedores con agua y sal durante 1-3 días hasta
que se desangran completamente.
Posteriormente se descabezan, se quitan las tripas y se separan por tamaños,
colocándolas en depósitos generalmente de plástico.
Se van colocando por capas, formando coronas, alternando una capa de sal
y otra de anchoas hasta llenar completamente el envase, de manera que la
sal forme la última capa. Todo esto se hace el mismo día
en que llega el pescado.
Así permanecen un mínimo de 3 meses, aunque lo habitual es
que este periodo de maduración oscile entre seis y ocho meses. En
este tiempo, van perdiendo agua y grasa, incorporando sal y adquiriendo
las características de color, olor y sabor propias de la anchoa.
Durante este proceso, se debe controlar la temperatura, que se mantiene
siempre baja para que la carne no se deteriore, se dice que "está
en letargo". La cantidad de sal también es importante porque
a cuanto más sal, peor será su conservación.
Pasado este tiempo se sacan de los depósitos, se lavan bien, se les
quita la piel y la espina dorsal, dejando los filetes completamente limpios.
Finalmente se introducen en latas de aluminio o en envases de cristal que
se rellenan con aceite de oliva refinado, especial para conserva, totalmente
transparente, inoloro e insaboro, de 0,2º de acidez. El aceite tiene
como única misión ser líquido de cobertura para que
la anchoa no se oxide. No se puede poner aceite de oliva virgen porque
la anchoa cogería el sabor del aceite y de lo que se trata es que
la anchoa mantenga incorrupto su sabor.
Cada lata y frasco
lleva un control numérico de calidad del producto y trabajador
que lo ha elaborado. Y para que este trabajo artesanal no pierda un ápice
de su valor, hay que conservar la anchoa entre 2 y 5 grados, porque no
hay que olvidar que es una semiconserva.
El proceso es una cadena en donde intervienen muchas manos. Y de esto
pueden dar fe marcas como Emilia, Solano Arriola, Catalina, cuya elaboración
se hace integramente en sus instalaciones de Santoña y que se cuidan
mucho de las condiciones en que se distribuye su producto.
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