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Alimentos funcionales: inciden en las carencias que la alimentación industrial inadecuada ha creado

Para el sociólogo Miguel A. Almodóvar, los nuevos alimentos funcionales intentan responder a una creciente demanda de un cada vez más amplio colectivo de consumidores, quienes tras haber visto aumentar considerablemente su esperanza de vida y su poder adquisitivo, intentan elevar o mantener su rendimiento físico y mental.

María Val, Sabormediterraneo.com

Los consumidores más jóvenes son los que más se fijan en estos productos y, entre sus preferencias se encuentran los lácteos enriquecidos, los zumos compuestos, las galletas y los cereales. Sin embargo, los consumidores más jóvenes, concretamente el grupo de niños y adolescentes son los que tienen mayores carencias alimenticias.

Según la SEDCA (Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación), el 30% de los niños españoles no comen la cantidad diaria recomendada de verduras.

La mayoría de los productos funcionales inciden en todas las carencias que la alimentación industrial ha creado.

A pesar de que vivimos en un mundo donde la oferta de alimentos es ilimitada, saber comer y alimentarse correctamente requiere un pequeño esfuerzo. En el sentido de que es necesario tener ciertas nociones sobre qué aporta cada alimento al organismo y cómo se deben combinar en una comida o en una cena. Y la gran paradoja es que la mayoría de los productos funcionales inciden en todas las carencias que la alimentación industrial inadecuada basada en productos procesados ha creado. Una forma de comer que favorece la obesidad, la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiovascular que empieza con tensión arterial alta y colesterol alto.

Pero los productos funcionales son las líneas de negocio más rentables para las empresas de alimentación. Los alimentos terapéuticos, que en principio se denominan "nutraceicos", (una síntesis de nutritivos y farmacéuticos) y que finalmente pasan a llamarse "funcionales" por su potencial en la regulación o mejora de las funciones esenciales del organismo tendrán un papel cada vez más importante en la cuenta de resultados. De la misma forma que lo tienen todos los productos cuyo gancho está relacionado con la salud.

Todas las afirmaciones que hace la industria alimentaria con un producto en términos de salud están basadas en pruebas e investigaciones, pero es difícil que lleguen a ser categóricas. Hay que exigir que cada beneficio que se prometa además de estar justificado científicamente, se especifique qué dosis de consumo es necesaria para obtener ese beneficio y qué tipo de dieta hay que aplicar para no perder los beneficios del producto.

Por ello, sería necesario un organismo consultivo independiente que elabore, resuma y dé al consumidor una visión adecuada y de conjunto, porque con verdades parciales se puede aumentar la confusión.

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