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Para que el jamón
ibérico obtenga la categoría de producto a la excelencia
se necesita un cerdo de raza ibérica, distinto al cerdo blanco
o común. Puede ser un cerdo ibérico puro o cruzado con Duroc-jersey,
siempre y cuando la pureza genética sea superior al 75%. Debido a su singular genética, es la única raza en el mundo capaz de almacenar grandes depósitos lípidos que se infiltran entre sus masas musculares, lo que le proporciona su característico veteado mármoreo y una incomparable untuosidad, textura y aroma. Porque estos cerdos con su andar comiendo, consiguen críar menos grasas superficiales y más grasas entreveradas. Jamón
ibérico de bellotaLas bellotas tanto de encinas como de alcornoques que pueblan las dehesas españolas proporcionan el alimento básico al cerdo ibérico durante la época de montanera. Tres meses, entre noviembre y enero, con el otoño en pleno apogeo y las bellotas que ya han caído al suelo. Es el momento del gran festín. Los cerdos criados en libertad comen bellotas, pasto y hierbas aromáticas de la dehesa hasta saciarse. Es un proceso caro porque entre tres cerdos se comen todos los pastos y bellotas de unas dos hectáreas de dehesa. Durante la fase de
engorde, el cerdo ibérico puede llegar a comer hasta 12 kilos de
bellotas en un día, un fruto con grasa mono y poliinsaturada y
rico en glúcidos que aporta a la carne sus particulares cualidades
aromáticas y gustativas y unos claros beneficios cardiosaludables.
El Prof. Grande Covián decía que el cerdo ibérico
es un olivo con patas porque su grasa es rica en ácidos grasos
monoinsturados y en ácido oleico. Para que no se produzcan
engaños o fraudes, el tipo de alimentación debe constar
en la etiqueta y en la información que se facilita antes de comprar
un jamón ibérico. Porque no es lo mismo un jamón
ibérico de bellota, que uno de recebo o de pienso. Las diferencias se notan tanto en calidad como en precio. Un jamón ibérico auténtico de bellota se pagan desde 50/60 euros el kilo cuando se compra por piezas en origen. En el comercio detallista supera ampliamente los 100 euros cuando se compra al corte. Curación y maduraciónLa complejidad del sabor y aroma se adquiere durante su elaboración en un largo proceso de curación y maduración en secaderos naturales, donde se requiere un clima muy especial, con inviernos fríos y secos y veranos calurosos y un buen nivel de vientos. Es un proceso largo y costoso que se alarga, desde el momento del sacrificio hasta su salida al mercado, entre dos años y tres años.Cada etapa -lavado, escaldado, pelado, despiece, enfriado, recorte, salado, secado y bodega- está rigurosamente controlado por personal especializado. Después del sacrificio, tiene lugar la operación que les da el carácter, la imagen y la personalidad y que permitirá reconocerles: el corte serrano en V. Después de este preciso corte pasará a la primera fase de la curación : la salazón. Se colocan los jamones entre capas de sal marina a una temperatura constante de unos 3 grados y con una humedad del 90%. En estas salas permanecen en total oscuridad durante un período más o menos prolongado en función de su peso. Después de un lavado para eliminar los restos de sal pasarán a los secaderos, abiertos a los vientos y con controles automáticos de temperatura y humedad. Uno a uno son colgados para que se produzca el auténtico curado del jamón. Allí estarán entre 6 y 9 meses con temperaturas entre los 15º y 30ºC para posteriormente pasar al envejecimiento en bodega, que puede llegar hasta los dos años. Es un trabajo de espera, en donde hay que dejar actuar al tiempo, a que los hongos y levaduras que van apareciendo en la superficie del jamón hagan su labor poco a poco. El jamón pierde en este proceso hasta un 35% de su peso. En estos meses empieza a adquirir su sabor y su aroma característico y único. Las piezas van sudando, parte de la grasa se funde con la carne y una flora bacteriana autóctona recubre la corteza de las patas, confiriendo a la carne unas cualidades organolépticas inconfundibles. Este largo y cuidado proceso que puede llegar a algo más de 3 años y que cuenta con el legado histórico de una tradición artesanal ha elevado a los altares al jamón ibérico. Tanto es así que muchas tiendas y restaurantes lo compran en "premieur". Las piezas que cuelgan en las bodegas tienen nombre y apellidos, ya que los clientes las compran con antelación y les son servidas a medida que las precisan. No es de extrañar que con estos antecedentes, el auténtico jamón ibérico de bellota, se convierte en el mejor jamón curado y también en el más caro del mundo. |
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