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Prebióticos y probióticos, sabría diferenciarlos y para qué son beneficiosos

Seguro que ha visto alguno de estos términos en los envases de productos lácteos, prometiendo mejoras en nuestra salud gastro intestinal. Prebióticos y probióticos son microorganismos que mejoran nuestra flora intestinal mejorando nuestra respuesta inmune a muchas enfermedades, pero proceden de clases de alimentos distintos.

Isabel Mendoza, SaborMediterraneo.com

En nuestro intestino habitan toda clase de microorganismos; el conjunto de todos ellos es lo que se denomina microbiota. La flora intestinal de cada persona es única, pero a la vez cambiante y modificable según el estilo de vida y el tipo de alimentación que llevemos, por lo que depende de nosotros mejorarla o empeorarla.

¿Cuál es la alimentación que más beneficia a nuestra microbiota intestinal?

Obviamente, una alimentación variada y equilibrada, basada principalmente en alimentos de origen vegetal (fruta, verduras, cereales integrales, legumbres, setas, frutos secos, semillas…), limitada en alimentos procesados ricos en sal, grasa y/o azúcares, con proteína moderadas y algunos lácteos fermentados. De esta forma nos aseguramos obtener de la dieta prebióticos y probióticos, necesarios para nuestra salud intestinal.

Prebióticos y fibra soluble

La fibra soluble procedente de frutas y verduras es la fuente principal de prebióticos en nuestra dieta.

Para ser exactos, se denominan sustancias prebióticas a ciertos ingredientes alimenticios que nuestro organismo es incapaz de digerir y que pasan al colon, estimulando el crecimiento de las bacterias beneficiosas, -las bifidobacterias-, y contribuyendo a la mejora de nuestra salud intestinal.

Casi todos los vegetales los contienen como, por ejemplo, el ajo, la cebolla, el puerro, los espárragos, las alcachofas, los tomates, el tupinambo, la achicoria, la remolacha, los plátanos, las ciruelas o las manzanas; el salvado, la cebada, el centeno, las legumbres, los frutos secos y también algunas algas.

Los más conocidos son la oligofructosa y la inulina. Estas sustancias se encuentran en vegetales como el ajo, la raiz de achicoria y la cebolla.

La inulina no es digerible y alimenta las bacterias del intestino grueso, favoreciendo el crecimiento de bacterias intestinales beneficiosas y reduciendo al mismo tiempo el número de sustancias potencialmente perjudiciales.

Por ello, es un error pensar que un zumo de naranja o de apio es tan saludable como la fruta o la hortaliza entera. La porción indigerible de las frutas y verduras nos beneficia.

Hay muchos estudios que apuntan que la deficiencia de fibra en la dieta puede ser, "en gran medida", un factor de desarrollo de "enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer de colon y estreñimiento.

Probióticos, en alimentos fermentados

Un ejemplo clásico, de alimento probiótico es el yogur, una leche fermentada ácida. Pero también cualquier otro alimento fermentado como el kefir, los encurtidos, el chucrut (col fermentada), el miso y algunos quesos que no hayan sido esterilizados.

En líneas generales se denomina probióticos a aquellos microorganismos, principalmente bacterias y levaduras que son agregados como suplementos en la dieta incorporándose a la flora intestinal y pudiendo modificar la composición intestinal del individuo.

Los antibióticos y la mala alimentación están detrás de la pérdida de diversidad de bacterias y la microbiota deja de ser el muro defensor, alterando la barrera intestinal, que debe ser permeable para dejar pasar aquellas sustancias útiles que el organismo utilizará para funcionar al cien por cien.

¿Qué deben tener los suplementos alimenticios probióticos?

Cada vez son más los fabicantes que añaden lactobacilos probióticos e incluso bifidobacterias a los productos de leche fermentada para estimular la respuesta inmunitaria del cuerpo a ciertos microbios. Pero, para que se consideren probióticos, la ley exige que se pueda demostrar que estos microorganismos:

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