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"No
coma nada que su bisabuela no reconociera como comida"
No
coma nada que su bisabuela no reconociera como comida". Con esta contundente
frase podría resumirse el libro de Michael Pollan, "El detective en
el supermercado", que ha publicado recientemente la editorial Temas de Hoy.
En la primera parte del libro, Pollan recoge una breve introducción
a la ciencia de la nutrición que, sin darnos cuenta, ha conseguido dejar
a un lado la dieta tradicional por productos alimenticios, que no alimentos, tratados
con infinidad de ingredientes químicos que, como se ha visto en los sucesivos
estudios hechos sobre la materia (se pueden leer en el libro), sólo han
servido para que la población norteamericana esté más gorda
y menos sana. Es el caso de la margarina nacida en el siglo XIX como
sustituto de la mantequilla y que si en sus primeros años de existencia
se comercializó como un sucedáneo de aquella, a partir de los años
50 y gracias al esfuerzo de la industria hizo saber al mundo que era mucho mejor.
Y todo porque se le habían quitado los nutrientes malos (colesterol y grasas
saturadas) y se le habían añadido los buenos (grasas poliinsaturadas
y vitaminas). Pero curiosamente y pese a sus supuestas bondades toda la comunidad
científica actual ha aceptado que "su ingrediente principal podría
ser causa de infartos y cáncer".
¿Saludable?
Pero esos nutrientes, ¿dónde están presentes? ¿Cómo
surgieron? A su juicio todo esto tiene que ver con el nacimiento de la dieta occidental
a principios del siglo XX. Nuestra dieta se basa en la sustitución de los
alimentos enteros por productos alimenticios procesados en los que lo más
valorado es la cantidad y la durabilidad y no tanto la calidad. Un régimen
del que han surgido la mayoría de las enfermedades occidentales actuales:
obesidad, diabetes, cardiovasculares, hipertensión y una serie de cánceres.
Esto sí, esto no ...
En el tercer y último apartado, Michael Pollan incluye una serie de
consejos que pueden ayudar. El principal, tal y como avanzamos al principio, es
no comer nada "que su bisabuela no reconociera como comida". Si se piensa
detenidamente podrá ver que una parte de lo que comemos, son alimentos
procesados que esconden múltiples ingredientes, muchos de ellos, difíciles
de descifrar por una persona no profesional de la materia. Por ello, recomienda
evitar los productos que contengan ingredientes que sean desconocidos, impronunciables
o incluyan jarabe de maíz rico en fructosa. El autor manifiesta una continua
aversión a este 'ingrediente o pseudo alimento' a lo largo de todo el libro. Es
decir, cuando se coman naranjas que sean naranjas y esto es susceptible para toda
clase de frutas, ahora que se lleva tanto la fruta bebida. Eso sí, en que
se coma de todo un poco e insiste en que se coman las verduras, legumbres y frutas,
a ser posible en su temporada, tal como se recogen del campo.
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