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LA CRIANZA EN MADERA
RESALTA LAS CUALIDADES INDIVIDUALES DEL VINO
El vino, una vez elaborado, clarificado y estabilizado,
queda listo para el consumo. Sin embargo, la experiencia nos ha enseñado
que muchos vinos mejoran con la crianza, -primero en la barrica y luego
en la botella-. Se resaltan las cualidades individuales del vino, haciéndolos
más complejos y se prolonga su vida, debido a que la madera transfiere
al vino taninos que le proporcionan un potencial adicional de envejecimiento.
La crianza
en barrica, especialmente en barrica nueva, así como la procedencia
de la madera y grado de quemado son factores que resaltan las cualidades
individuales que dan el carácter al vino. Este viene determinado,
además por la variedad y edad de la cepa, las condiciones climatológicas
y la composición del suelo. Por ello, nunca hay que permitir
que la crianza tape o disimule su origen. Los rasgos de uva, terruño
y elaboración deben ser siempre perceptibles.
Los vinos que más ganan con su paso por barrica son los de más
estructura. Además de ganar en sustancias aromáticas especifícas,
la permanencia en madera permite controlar una oxidación lenta
del vino a través de los poros más o menos grandes según
se trate de roble americano o francés. La entrada de pequeñas
cantidades de oxígeno por los poros microscópicos de la
madera hace que el vino se "oxide" ligeramente, que pueda
respirar, en definitiva, permite que el vino evolucione, consiguiendo
una mayor armonía.
Los tintos estabilizan su color y sus taninos con la barrica. Pasan
de los tonos violáceos
a los cereza y rubí y si la crianza
está bien hecha, el vino no se hace más áspero,
sino que su estructura tánica se enriquece con el aporte del
roble y se hace más madura, sabrosa, estable y compleja.
El tanino es un elemento gustativo clave, -casi siempre amargo-, y se
percibe como una sensación de ligera rasposidad en el paladar,
lengua y encías. Puede ser
muy agradable si los taninos provienen de uvas maduras, pero astringente,
seco y desagradable si vienen de frutos inmaduros o de roble de mala
calidad. En cualquier caso es indicativo de la capacidad de evolución
en botella, sobre todo si se acompaña de cierta estructura y
de acidez.
En cuanto a los aromas, los frutales y florales de los vinos jóvenes
se mantienen, pero en un segundo plano. El roble aporta y añade
nuevos matices aromáticos. Matices de vainilla, coco, tostados,
tonos balsámicos, especias, etc
En boca, los taninos del roble se integran en el vino lo que le proporciona
un potencial adicional de envejecimiento, que le permitirá soportar
en perfectas condiciones, su posterior período de crianza en
botella.
Según el tipo de roble, su edad, el tamaño de la barrica,
etc, su influencia será distinta. Los mejores matices del roble
se obtienen cuando es nuevo o seminuevo. Se puede decir que una barrica
es óptima en sus primeros tres a cinco años.
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