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PRODUCTOS CON REFUERZOS NUTRICIONALES O FUNCIONALES: ¿SON NECESARIOS ?
Hoy el producto alimentario más anodino puede estar enriquecido y convertirse en un alimento imprescindible que debe consumirse a diario. No son productos económicos, pero si nos atenemos a las promesas que encierran sus mensajes publicitarios, parece que lo valen. Mejoran las defensas, disminuyen los triglicéridos, controlan la hipertensión arterial ..., aportan fibra, ácidos grasos omega 3, vitaminas, calcio... El consumo de productos funcionales se ha disparado y con ellos la inevitable pregunta: ¿son necesarios?


Los productos funcionales son aquellos a cuyo potencial nutritivo y/o terapéutico se le añaden otros ingredientes beneficiosos como fibra, vitaminas, minerales, o por el contrario se les eliminan los menos deseables como grasas saturadas o azúcares. Así, han ido apareciendo leches desnatadas enriquecidas con calcio, vitaminas C y D y ácidos grasos omega 3; yogures con efecto bífidus o con L Casei Inmunitas, galletas y zumos con vitaminas, minerales y fibra; margarinas con fitosteroles para reducir el colesterol ... y últimamente latas de pescado en conserva con alto oleico con isoflavonas, también para controlar el colesterol.

En el segmento de cereales, zumos y galletas el añadido de vitaminas y minerales refleja lo absurdo del sistema alimentario. Hay que añadir vitaminas y minerales porque éstas se destruyen y pierden en el proceso de elaboración industrial. ¿Es necesario añadir vitaminas al zumo de naranja que se obtiene de exprimir una naranja? Por otra parte, las vitaminas de los zumos de fruta industriales no tienen la misma calidad que la de la fruta fresca y además suelen estar enriquecidos con fructosa y sorbitol, que tomados en exceso, pueden provocar molestias intestinales.

Los consumidores más jóvenes son los que más se fijan en estos productos y, entre sus preferencias se encuentran los lácteos enriquecidos, los zumos compuestos, las galletas y los cereales. Sin embargo, los consumidores más jóvenes, concretamente el grupo de niños y adolescentes son los que tienen mayores carencias alimenticias. Según la SEDCA (Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación), el 30% de los niños españoles no comen la cantidad diaria recomendada de verduras.

Para el sociólogo Miguel A. Almodóvar, los nuevos alimentos funcionales intentan responder a una creciente demanda de un cada vez más amplio colectivo de consumidores, quienes tras haber visto aumentar considerablemente su esperanza de vida y su poder adquisitivo, intentan elevar o mantener y su rendimiento físico y mental. Así las cosas, los nuevos alimentos funcionales se sitúan entre la necesidad y la moda.

No obstante, hay que hacer siempre una clara distinción entre el consumidor "normal" que goza de una razonable salud y el que se ve afectado por una carencia, como serían los ancianos, inválidos o personas con distintos tipos de carencia. Para ellos, los productos funcionales pueden tener sentido.

Todas las afirmaciones que hace la industria alimentaria con un producto en términos de salud están basadas en pruebas e investigaciones, pero es difícil que lleguen a ser categóricas. Hay que exigir que cada beneficio que se prometa además de estar justificado científicamente, se especifique qué dosis de consumo es necesaria para obtener ese beneficio y qué tipo de dieta hay que aplicar para no perder los beneficios del producto. Por ello, sería necesario un organismo consultivo independiente que elabore, resuma y dé al consumidor una visión adecuada y de conjunto, porque con verdades parciales se puede aumentar la confusión.

Por ejemplo, sería necesario que alguien dijera: si es usted alérgico al pescado, le interesará tomar productos enriquecidos con omega 3. En caso contrario coma pescado azul. Si necesita vitaminas y minerales, tome un gazpacho o simplemente practique una consigna tan sencilla como "cinco al día". El consumo de fruta y verdura es la forma más segura de prevenir muchas enfermedades y de evitar tomar productos enriquecidos con fibra. Pero si no tiene acceso a verduras y frutas frescas, le conviene consumir productos con vitaminas y minerales añadidos. Sin embargo, hay una realidad irrefutable, nunca un complemento puede sustituir lo que es un patrón alimentario correcto.

Cuando se habla con un médico y se le pregunta si sirve de algo tomar productos enriquecidos para evitar el colesterol, el estreñimiento, la tensión arterial o mejorar nuestras defensas, la respuesta suele ser la siguiente. Si usted está enfermo, póngase en manos de un médico. Si es una persona sana, coma de todo.

Puede que el deseo de querer estar en forma, más fuerte y no querer envejecer, esté detrás de las motivaciones para consumir estos productos. En una reciente entrevista publicada en El País Semanal, la endocrinóloga, Clotilde Vázquez afirmaba: " Si tuvieramos ahora mismo la evidencia científica de que tomando una pastillita que tuviera tanto de viatmina A, tanto de vitamina E, tanto de carotenos, tanto de licopenos y tanto de omega 3, no ibamos a envejecer, sería estupendo, pero eso no es verdad por mucho que se haya buscado. En este momento, la única receta que tenemos es la buena nutrición optimizada sin tomar nada artificial; el ejercicio físico y cultivar el espíritu.

A pesar de que vivimos en un mundo donde la oferta de alimentos es ilimitada, saber comer y alimentarse correctamente requiere un pequeño esfuerzo. En el sentido de que es necesario tener ciertas nociones sobre qué aporta cada alimento al organismo y cómo se deben combinar en una comida o en una cena. Y la gran paradoja es que la mayoría de los productos funcionales inciden en todas las carencias que la alimentación industrial inadecuada basada en productos procesados ha creado. Una forma de comer que favorece la obesidad, la diabetes tipo 2 y la enfermedad cardiovascular que empieza con tensión arterial alta y colesterol alto.

Pero los productos funcionales son las líneas de negocio más rentables para las empresas de alimentación. Los alimentos terapéuticos, que en principio se denominan "nutraceicos", (una síntesis de nutritivos y farmacéuticos) y que finalmente pasan a llamarse "funcionales" por su potencial en la regulación o mejora de las funciones esenciales del organismo tendrán un papel cada vez más importante en la cuenta de resultados. De la misma forma que lo tienen todos los productos cuyo gancho está relacionado con la salud.
 


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