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Cecina, proteínas, poca grasa y pocas calorías. ¿Quién dijo que lo bueno engorda?

La cecina -la misma que estuvo presente en el descubrimiento de América- no destaca en absoluto por su contenido en grasa. Por cada cien gramos, 232,5 kilocalorías y una porción todavía mucho mayor de proteínas. Es, por tanto, un alimento ideal para incorporar a los platos más frescos y ligeros de la primavera y verano y si es en ensalada mejor.

La cecina es un alimento ideal para incorporar a los platos más frescos y ligeros de la primavera y verano. Su bajo contenido en grasas, su alto contenido en proteínas, y su versatilidad gastronómica la convierten en una alternativa atractiva y novedosa.

La cecina y especialmente la de León procede del despiece de los cuartos traseros del ganado vacuno mayor, preferentemente de las raza autóctonas de Castilla y León. Desde luego, está hecha para los amantes del salazón, aunque en el sabor final predomina más el ahumado, un intenso olor a bosque, ya que, para el ahumado, se utiliza leña de roble o encina. Presenta un color rojo muy tostado, uniforme, con tonos cereza, y tiene una textura consistente, gracias a su fino veteado de grasa.

Ideas para ensalada con cecina
Ofrece una gran cantidad de posibilidades para consumir en la mesa: en láminas con aceite de oliva virgen extra, en ensalada fresca de mango con rúcola, aderezada con un aliño a base de aceite, vinagre balsámico, pimienta y cebollino picado. La versatilidad gastronómica de la cecina es muy amplia. En primavera y verano resulta una alternativa perfecta para aperitivos o primeros platos de almuerzos y cenas ligeras, acompañándola con un buen vino blanco joven o fermentado en barrica, un rosado de sabor intenso, o un refrescante Cava o Champagne.

Hoy en día, la cecina se puede hasta congelar, aunque no es lo más aconsejable para conservar al cien por cien sus condiciones organolépticas. Aunque el color a cereza con un ligero veteado de grasa permanece impasible.

La cecina -la misma que estuvo presente en el descubrimiento de América, pues figura en las provisiones que se subieron a la carabela Santa María, junto a otras carnes saladas- no destaca en absoluto por su contenido en grasa. El Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de León realizó un estudio en noviembre del año 2000 y llegó a la conclusión de que "por cada cien gramos, tenía 232,5 kilocalorías y una porción todavía mucho mayor de proteínas", igual que un bollo de mantequilla, y las mismas que se desgastan en un paseo lento en bicicleta. ¿Quién dijo que lo bueno engorda?

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